AZKENIK: BIGARREN ETA AZKEN ZATIA
Ekaina 28, 2007 | Egilea: taperwarekolektiboa
Mugalari, 2007/06/23
Arg.: Oriol Clavera (orain Kurdistanen egongo da, eskumuinak!)
Vila-Matas ha escrito que con sus dos últimos libros ha iniciado una etapa más personal y más madura. ¿Comparte esta afirmación?
No hay cambio en el estilo, ni en la voluntad literaria, ni en el material, lo que hay es un cambio en los temas, que pasan a ser más propensos a la profundidad. No es lo mismo escribir un cuento sobre unos tíos que entran a un bar o sobre la muerte de los padres, aunque mi aproximación sea la misma. Lo que si es verdad es que antes trabajaba más con ideas y ahora trabajo más con emociones. Quizá son temáticas más propias de lo que denominamos madurez, pero yo soy igual de inmaduro que siempre. También hay un motor muy importante y que tú no prevés, que es la responsabilidad, y que por muchos propósitos bohemios que tengas, es una especie de alien, vive dentro de ti y es destructor, primero porque te anula y después porque genera mucha angustia. Eso si que lo he notado en mis libro, es el momento histórico en el que me he encontrado con una cosa que no había buscado.
Es cierto que ha publicado novelas, pero sus tres últimos libros son de cuentos. ¿Le ha cogido la medida al género?
Soy un entusiasta de los cuentos, pero también hay una razón estrictamente funcional: en el tipo de vida que he llevado en los últimos doce años, no he podido escribir una novela. Una novela es monógama por naturaleza, te tienes que enamorar, casar, pagar una hipoteca, tener suegros… te posee a tiempo completo. En cambio el cuento es más promiscuo. Entre dejar de escribir y continuar escribiendo, el único formato que se convertía en una experiencia agradable era el cuento. Y no olvidemos que se trata de pasarlo bien. No porque el cuento sea menor, sino porque lo puedes encajar mejor en esta realidad fragmentada. Yo antes podía escoger entre novela y cuento, y escogía indistintamente, y ahora no puedo escoger, es cuento o nada.
El cuento en catalán disfruta de muy buena salud.
Lo que pasa en Catalunya, como cosa excepcional, es que el cuento no está criminalizado. En la literatura española, por ejemplo, hay todavía un gran menosprecio hacia el cuento. En Francia es un género de Segunda B. Entre nosotros, y desde hace muchos años, hay escritores muy reconocidos, Terenci Moix, Josep Maria Espinàs, Quim Monzó o Empar Moliner es gente que ha encumbrado el cuento, de una manera brillante y con mucho éxito industrial. Por tanto la excusa de género menor quedó apartada. Hay normalidad a la hora de valorar el cuento como un género absolutamente solvente.
Además de la literatura, es conocido por sus colaboraciones en diferentes medios de comunicación, prensa escrita, televisión, radio. ¿Son actividades complementarias?
Yo diría que es un todo divisible. En el 89 comencé a profesionalizarme, a escribir en un diario y a hacer radio y nunca lo he considerado como un trabajo que me subvenciona el tiempo para escribir. Tengo esta multiplicidad de intereses, nunca haría una sola cosa: si fuese mecánico, al mismo tiempo tendría un equipo de fútbol sala y tocaría en un grupo de blues. En este caso he tenido la suerte de que todas las actividades que hago son parecidas. Siempre estoy haciendo lo mismo pero con diferentes disfraces. Esto también tiene que ver con escribir cuentos: ahora todo es breve, estoy entrenado para correr los cien metros, no para correr la maratón.
¿Y la faceta de traductor?
En este momento sólo traduzco al castellano las obras de Amelie Nothomb, una vez al año. Ella cada 5 de septiembre saca un libro y a mí me toca traducirlo. Lo hago, primero, para no perder el francés, y segundo porque siempre hay un período del año en el que no tienes nada entre manos. La mejor manera de leer es traducir, y aprendes mucho a escribir. No soy traductor pero si que me gusta practicarlo por estas razones de entrenamiento, de tener este puente con el francés, con el castellano escrito, y sobre todo por meterme dentro de las vísceras de un libro.
¿Le han invitado a Frankfurt?
Recibí una carta que interpreté que era una invitación. Para no entrar en el discurso que duraría dos días sobre por qué no voy, me acogí a una doctrina que me he inventado, que es la doctrina Bartleby: contesté que “preferiría no hacerlo”. Yo creo que se entiende, ¿no? Llega un momento en el que dices que no para no tener que explicar porque dices que no. Continuando con la argumentación, yo creo que en Frankfurt hay dos niveles: un nivel es la política de la imagen de la cultura, que yo encuentro hasta cierto punto comprensible y que puede ser una oportunidad que no se puede dejar escapar, y el otro nivel es el uso propagandístico que se hará de eso, y continuar haciendo de eso un conflicto, cuando tendría que ser una buena noticia. La literatura catalana va a Frankfurt, pues que vaya, yo no tengo ningún interés. Han hecho muchas ferias sin mí, no me necesitan para nada.




