
Mugalari, 07/07/07
El mundo está lleno de personajes enigmáticos, carismáticos, extraños, incluso literarios. ¿Por qué razón escogió a Maurice Ravel?
En un primer momento, quería escribir una novela que transcurriera en los años 30 y en la que se cruzaran personajes ficticios con personajes reales. Entre estos últimos, en seguida pensé en Maurice Ravel. Primero porque conozco bien su música desde mi infancia: fue una de mis primeras grandes emociones. No sabía muchas cosas sobre él pero si que, por ejemplo, algunas imágenes que conocía me intrigaban, sin que pudiera establecer el por qué. Su cara y su cuerpo me intrigaban, y especialmente su mirada. Luego, resulta que había visitado muchas veces su casa de Montfort-l’Amaury, no lejos de París, y que esta casa me impresionaba mucho como activo, como motor posible de ficción. Y, en esta casa, muy particularmente el cuarto de baño - lo que es sin duda la razón por la cual el libro comienza en esta habitación. De esa manera comencé a interesarme en Ravel, realicé investigaciones sobre su vida, y da la casualidad de que esta vida se convirtió en lo que más me interesaba. Ocupó todo el espacio, y mi proyecto de novela inicial desapareció en el movimiento.
¿Qué es lo que ha encontrado en los últimos diez años de la vida de este compositor para que se haya fijado en ellos, para que le hayan inspirado esta novela?
Al inicio de toda esta historia, pensé trabajar sobre toda la vida de Ravel, pero luego preferí centrarme en sus diez últimos años: desde el momento en el que conoce la gloria mundial más grande, hasta su caída, es decir, un período durante el cual su trabajo de creador y su destino físico, su obra y su cuerpo, se encuentran estrechamente vinculados. Desde otro punto de vista, este período de entre dos guerras es muy inquietante para mí. Es políticamente muy inquietante y muy sombría y, al mismo tiempo, es un momento de efervescencia artística, literaria, etc., completamente asombroso: durante ese período pasan muchísimas cosas y muy diversas, en ocasiones muy opuestas, como si todo el mundo estuviera sin aliento en este dominio de la creación.
Aunque toda la novela se desarrolla alrededor del personaje de Ravel, como lector, he tenido la impresión de que no he llegado a conocerle completamente. Se trata de un personaje que se escapa, que no se deja conocer del todo.
Precisamente es una de las cosas que me interesaban en la relación que se estableció con Ravel. Antes de decidirme a escribir sobre él, leí todo lo que le concernía (biografías, testimonios de sus contemporáneos, correspondencia, escritos diversos). Entonces, paradójicamente, cuantas más cosas aprendía sobre él, más se escapaba de mí, como si retrocediera físicamente cuando trataba de acercarme a él. Fue esta misma situación, bastante novelesca por cierto, la que me confirmó mi deseo de escribir sobre él. Es un personaje doble, contradictorio y siempre enmascarado. No podemos (en todo caso no he podido) entrar en su intimidad, o en la ilusión de su intimidad, como si el personaje rechazara este movimiento, como si fuera una intrusión.
Estamos de acuerdo en que este libro no es una biografía novelada. Pero entonces, ¿cómo lo definiría? ¿Cuánto de realidad y cuánto de ficción encontramos en Ravel?
Es un libro que se apoya constantemente en la realidad de los hechos, a partir de los cuales me he autorizado a introducir elementos de ficción. Pero esta ficción se encontraba en una especie de “libertad vigilada”, jamás debía salirse del marco de una verosimilitud muy precisa. Y es aquí donde residía la principal dificultad de la escritura de este libro: un trabajo de equilibrista donde se trataba de encontrar y de respetar el filo de la navaja, el equilibrio entre lo probado y la invención. En ningún momento ha hecho falta que uno de estos elementos se impusiera al otro. Tenía a veces la impresión de estar haciendo un trabajo un poco milimétrico, y de avanzar sobre una cuerda a la manera de un equilibrista. A esto se le añadió en ocasiones otro problema: durante el proceso, he podido recoger, en la literatura consagrada a Ravel, escenas que me gustaban mucho, que precisamente tenían una dimensión novelesca muy fuerte, pero que al final no he podido integrar en el libro. Era como si el mismo libro las rechazara, seguramente porque existía el peligro de desequilibrarlo. Es bastante frustrante renunciar a eso, pero sucede que un libro en construcción se emancipa, como si en cierta manera se convirtiera en un organismo viviente que impone sus reglas. Creo que, en esos momentos, más vale obedecerle.
¿Es la ficción la mejor vía para explicar la realidad?
La ficción es seguramente una vía magnífica en la aproximación a la realidad. Pero, hoy por hoy, me encuentro un poco en una situación inversa. Tengo ganas de ocuparme de vidas reales, no para transformarlas en ficciones, sino más bien para tratarlas de un modo, digamos, novelesco, de la misma manera en la que trataría a los personajes ficticios.
El libro desvela cómo se compuso el famoso bolero de Ravel, y cómo esta pieza musical, de manera totalmente inesperada, constituyó un éxito y un reconocimiento mundial para el compositor.
Sí, y ocurrió así, aunque jamás se sepa a ciencia cierta lo que realmente pasó. He perseguido escrupulosamente todo lo que ha sido producido por los biógrafos de Ravel, pero al mismo tiempo he tratado de utilizar todo ese material tal y como hubiera podido tratar un acontecimiento ficticio en una “verdadera” novela.