
Hok ttuken garayak…
Bitartean literaturarekin kontsolatu behar. Adan Kovacsics, lehen zatia (Mugalari, 08/03/29):
Adan Kovacsics (Santiago de Chile, 1953) es, ante todo, un prolífico traductor. Ha traducido al castellano, entre otros, a autores de la talla de Imre Kertész. No hace mucho que ha publicado el ensayo “Guerra y lenguaje” (Acantilado, 2007). Le hemos preguntado sobre este libro y su faceta de traductor.
“Guerra y lenguaje” es un ensayo que, como su nombre bien indica, indaga en la relación que han mantenido a lo largo del siglo XX y mantienen hoy día la guerra y el lenguaje. Kovacsics, gran conocedor de la cultura austrohúngara, señala un acontecimiento concreto como clave en la utilización del lenguaje como herramienta bélica: la Primera Guerra Mundial.
¿Que es lo que pasó en esa contienda que no pasara anteriormente?
En la Primera Guerra Mundial se produce una fractura en la historia del lenguaje como consecuencia de su uso instrumental. Dicho de una manera un poco más fuerte, se hace un uso propagandístico del lenguaje. Esto se manifiesta de una forma masiva en la Primera Guerra Mundial, hay una producción de propaganda absolutamente condicionada por el estamento militar que antes no se daba de esa forma tan generalizada. A partir de dicha contienda me parece que el lenguaje ya es otro, nosotros mismos estamos dentro de ese lenguaje sin que podamos percibir que antes haya podido haber otro. Por eso me centro tanto en ese conflicto bélico. Las siguientes guerras reproducen, intensifican, varían ligeramente elementos que surgen en la Primera Guerra Mundial, que supone un punto y aparte en el lenguaje. No es casual que por esas fechas aparezca una nueva lingüística como es la de Saussure.
¿Dónde percibe ese cambio en el lenguaje?
En el libro constato que determinados autores que vienen de sitios muy diferentes, como pueden ser Karl Kraus, que es un polemista, como Wittgenstein que viene de la lógica, o como Benjamin que es un filósofo en aquel momento todavía muy influido por Kant y por los románticos, estos tres autores que vienen de sitios muy diferentes constatan en el fondo lo mismo: el cambio que se está produciendo en el lenguaje. Y se rebelan, cada uno a su manera, pero su actitud fue la de rebelarse contra ese cambio del lenguaje.
¿Era esta una actitud generalizada entre los intelectuales de la época, o constituye más bien una excepción?
Son una excepción. En general, y en el ámbito que yo analizo, que es básicamente el ámbito austrohúngaro, las posturas contrarias a la guerra y a esa utilización del lenguaje son pocas. La mayoría de los intelectuales y escritores se dejaban llevar por la corriente bélica y propagandística. Creo también que en otros países sucedió lo mismo.
En esa utilización propagandística del lenguaje destaca el papel central que desempeñaron dos instituciones: el Cuartel de Prensa y el Archivo de Guerra.
El Cuartel de Prensa de la Guerra se creó desde un decreto de movilización del ejército para controlar y supervisar la actividad periodística durante el conflicto bélico. Se crea en 1914, cuando empieza la guerra. Su función era concentrar a los diferentes corresponsales austriacos, húngaros y extranjeros para seguir, controlados por el ejército, la evolución de los acontecimientos bélicos. Al mismo tiempo, el Archivo de guerra creó un grupo literario que se dedicaba a escribir textos propagandísticos, con la intención de recopilar el material que venía del frente, más concretamente los informes a partir de los cuales se concedían medallas a los combatientes. La función de estos miembros del grupo literario era darles color literario a los informes y publicarlos después. Peinar a los héroes, en definitiva.
Rilke, por ejemplo, pasó por el Archivo de Guerra. ¿Hay algún otro caso?
Hay varios: Stefan Zweig, Felix Saiten, Alfred Polgar, todos ellos estuvieron en el Archivo de Guerra, fueron reclutados. Era también una manera de evitar el frente.
Si esta contienda afectó al lenguaje, las diferentes expresiones del lenguaje como pueden ser la literatura, ¿cómo se vieron afectadas?
Se pusieron al servicio de la maquinaria bélica. Describo el caso de Rilke que de alguna manera se niega a participar, no puede poner su escritura al servicio de la maquinaria bélica. Los escritores, los periodistas se pusieron al servicio de la maquinaria bélica y no solamente porque existía una censura, que la había, sino porque muchos dieron un paso en positivo: voy a escribir y voy a apoyar esta guerra, creo en ella. Había en muchos casos una parte de voluntad. Describo casos que apoyaron de forma voluntaria el esfuerzo bélico, austriaco o alemán, como es el caso de Thomas Mann o Hugo von Hofmannsthal.
Tras la primera guerra mundial se cuestiona el papel de la propia literatura.
Uno de los puntos de partida del libro es la siguiente pregunta: ¿por qué en el siglo XX la literatura se cuestiona a si misma a raíz de las contiendas bélicas, cosa que no ocurría antes? En el siglo XX, después de 1918, después de 1945, la literatura comienza a plantearse: ¿podemos seguir escribiendo como lo hacíamos antes? Y la respuesta fue negativa. Había que buscar otras formas, había que buscar otro lenguaje, porque aquel lenguaje literario que se usaba ya no servia para expresar el horror de la guerra. O, incluso, fue ese lenguaje el que condujo a la guerra. Se impuso, por tanto, otra manera de escribir, otra forma de escribir.
Vemos que las guerras de hoy, en este sentido, no han cambiado mucho. Irak, por ejemplo. Habla usted, citando a Kafka de que “la mentira se convierte en principio universal”.
Lo que viene a decir el libro es que no ha habido grandes cambios entre la Primera Guerra Mundial y las guerras de hoy. De ahí que en el libro me adentre en la guerra de Irak. La actividad periodística, por ejemplo, no ha cambiado sustancialmente de la Primera Guerra Mundial a la guerra de Irak. En el uso de la mentira, por ejemplo, incluso como detonante del conflicto bélico. Con la utilización tan evidente de la mentira se está dando a entender que el lenguaje, y por tanto la verdad, es algo secundario, que en este momento no importa.